Un centro urbano moldeado por siglos
Para cruzar el Vienne, se toma el Puente Henri IV, uno de los emblemas de la ciudad. Construido en el siglo XVII, une las dos orillas con llamativa elegancia. Desde la cubierta, la vista de las fachadas de tejas de toba y de los muelles ofrece un marco tranquilo, casi suspendido, en el que se divisa claramente la estructura histórica de Châtellerault.
En la misma zona del centro de la ciudad, un saber hacer más inesperado ha logrado sobrevivir: la fábrica de paraguas. Este discreto lugar perpetúa una tradición artesanal local aún muy viva. Aquí podrá descubrir las diferentes etapas del proceso de fabricación totalmente manual, en el que cada paraguas sale del taller como una pieza única, sólida y atemporal.
A pocos pasos, la tienda Aigle evoca otra parte del patrimonio económico de la zona, con una boutique-instalación vinculada a la historia textil y manufacturera de la marca. Es una dirección que combina la herencia francesa con la sobriedad contemporánea.