Aunque seamos una familia, sabemos tomarnos un poco de tiempo para nosotros mismos. Así que, mientras Nora disfrutaba de un momento para sí misma en la peluquería Arborescence, me llevé a los niños a dar un paseo de cuarenta minutos por el Domaine. Desde los primeros metros, Malo divisó la casita donde viven las gallinas del Domaine de Roiffé. Los niños se divirtieron observándolas picotear, antes de fijarse en las diferencias entre cada plumaje como auténticos naturalistas.
Seguimos nuestro camino hasta el Roble del Bicentenario. Lila se sentó a su sombra, fascinada por su tamaño. Más adelante, avanzamos despacio para no asustar a los gamos. La forma en que nos miraban, permaneciendo inmóviles, cautivó a los niños.
Después de dejarlos, fuimos a ver a las ovejas Solognot, una raza local que a los niños les pareció «toda peluda y demasiado mona». Nos entretuvimos mirándolas antes de continuar hacia elestanque, donde el agua tranquila reflejaba perfectamente los árboles. Las casitas de pescadores de la orilla inspiraron a los niños a imaginar la vida «en una cabaña justo encima del agua», como en sus cuentos favoritos.
Este paseo fue un auténtico concentrado de naturaleza. Los niños observaron su entorno y disfrutaron de la finca a su ritmo.